EL AMOR ES MAS FUERTE

Hemos sido pensados y creados para el amor; y, cuando nos alejamos de él, con el propósito de dedicar la intención, el interés y el esfuerzo a otros menesteres, que juzgamos más importantes, al tropiezo inesperado o desesperado con la realidad, o, en el silencio, a la primera posibilidad de reflexión, lo arrancamos de nuestro vivir, pero no de nuestro sentir más profundo ni de nuestra intención más verdadera.

 No esperemos que cambie la sociedad para comenzar a mejorar nuestro matrimonio y vida familiar. A nuestra mano está el pedirle a Dios que Él se abra paso en nuestra relación de pareja. Acogerlo significa creer que -no importa lo complicadas que estén las cosas- siempre hay un paso que cada uno puede dar, un perdón que pedir, una actitud que modificar. Aunque sea pequeño ¡siempre hay algo que se puede hacer! ¡El amor es más fuerte!

Recojamos aquella invitación que no pierde vigencia del Papa Juan Pablo II: “¡Familia, sé lo que eres!”, y viviendo lo que somos, avancemos hacia la meta que nos propone la Iglesia: ser una comunidad de vida y amor. Apostar por la familia es creer que el amor elevado por la gracia de Dios y hecho sacramento es capaz de darle a la vida humana su mejor oportunidad. Es una verdad probada que “cuando una familia reza unida, permanece unida”, porque poniendo al Señor en el centro de nuestra vida y nuestra relación, Él nos transmite su vida y nos enriquece con los frutos del Espíritu Santo (unidad, diálogo, perdón, respeto, etc.). Busquemos los momentos de oración en familia, ¡son tantas las ocasiones para ello!; sobre todo, procuremos participar como familia en la Fiesta Eucaristía Dominical.


El secreto de la felicidad conyugal consiste en exigir much

o de sí mismo y nada del otro, garantizado por cuarenta años de diálogo.

 

REYNALDO  Y  ROSA  GOMEZ

FDS No. 17 - CARTAGENA